(Maloka sigue y seguirá siendo)
Segundo Vargas tiene 78 años y mucho que ver con Maloka. Hizo parte del grupo de operarios que lo construyeron y se quedó porque ofreció otro de sus servicios, el de jardinero. A su cargo están papiros, lirios amarillos, orquídeas, cauchos blancos y negros, alisos y cucharos.
“Si me sacan de aquí, me muero”, dice este santandereano cuyo reino es externo en su mayoría, pero que conoce Maloka como nadie.
Sabe que, adentro, los niños y adultos que visitan el lugar pueden encontrar experiencias relacionadas con terremotos, vida, biodiversidad, gas y petróleo, el universo y los monstruos marinos.
Por ejemplo, sobre temblores, además de sentir que el piso se mueve, los visitantes puede aprender cuáles son las zonas del país en las que más tiembla.

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